El II Foro Naciones Unidas de Paz y Cooperación llegó a su conclusión ayer, el 10 de diciembre, con su acto final, como siempre en el Centro Riojano de Madrid. El día no fue una elección casual: en esta fecha se celebra el 71° aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos y sobre aquella misma se enfocaron las ponencias.

La mesa se constituyó de personalidades diferentes y, en un cierto sentido, complementarias entre ellas: José Antonio Rupérez, presidente del Centro Riojano, abrió el acto como de costumbre, seguido por Joaquín Antuña, presidente y fundador de Paz y Cooperación, quien presentó y moderó a los tres ponentes.

El primer ponente, Enrique Gaspar,  un periodista de larga trayectoria y vicepresidente del Instituto Seda España, empezó preguntándonos  “¿cómo podemos convencer a cada uno de nosotros de la importancia de los derechos humanos?”. El problema está en la aplicación práctica: no solamente existen personas con ideas diferentes, sobre todo existen estados con leyes y prioridades diversas, que no podemos juzgar porque son debidas a su historia.

Típico de un hombre que trabaja en los medios, con 40 años de televisión a sus espaldas, quién se refirió también al fenómeno Greta Thunberg, es cierto que los temas medioambientales interan más que los de derechos humanos, porque unen diferentes culturas del ancho mundo, pero este problema existía antes de que Greta apareciese y seguirá vigente si no se toman medidas urgentes.

Nos habló también de su proyecto actual, convertir la Ruta de la Seda en un sendero de paz aplicando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para conseguirlo.

Con el segundo ponente, Manuel Herranz, representante del Movimiento por la Unidad Humana, la utopía se hizo presente. Su organización que planea un congreso en 2020, lucha por introducir un nuevo derecho, el derecho a la libertad. Racionalmente, el ser humano está interesado en la unidad humana, se plantea el dilema entre el  “homo homini lupus” de Thomas Hobbes, con su Leviatán, que  impone por la fuerza el respeto de los derechos humanos o el derecho a la libertad. Otra pregunta que se hace Manuel es si podemos esperar el respeto de los derechos humanos por parte de un cuerpo nacido para hacer la guerra, citando a Sun Tzu.

Al final sentenció que nadie puede garantizar el derecho a la libertad, porque sería una contradicción al coartar nuestra libertad, pero podemos creer en las Naciones Unidas para conseguir un consenso de la comunidad internacional.

Emilio Ginés, desarrolló la ponencia final, quien por su papel en el Comité de Prevención de la Tortura de Naciones Unidas, conoce la realidad de la violación de los derechos humanos. Subrayó que la Declaración Universal de Derechos Humanos no es un documento estrictamente jurídico, sino un conjunto de ideas, de principios, con objeto informativo.

Describió como el año 1945 desveló la gran crueldad y violencia humana con centenares de millones de víctimas y con episodios espeluznantes como la ropa tejida con la piel humana en los campos de exterminio de Auschwitz. Agregó que se necesita aplicar estos derechos en lugares que casi no se leen en los mapas y que casi hemos olvidado. Esto significa que el impulso del horror de la segunda guerra mundial no fue suficiente para impedir el renacimiento de la violencia.

Se refirió a continuación a los dos protocolo es que complementan la Declaración Universal y que solo 15 países, entre ellos España, han ratificado. El protocolo de derechos económicos, sociales y culturales permite un cuadro más completo de lo que está verdaderamente pasando. Describió la necesidad de tomar medidas positivas para garantir a todos la misma dignidad. Se precisa de cooperación intergubernamental y sentido de ciudadanía para alcanzar mejorías. Por último, dio una pincelada sobre el papel de las escuelas en materia de violencia de género, tema que conoce a fondo por su trabajo con las mujeres de América Latina y reiteró que la educación empieza en casa.

En el turno de preguntas, se escucharon monólogos muy interesantes como el de Isabel Aránguez, defensora del estudiante de la Universidad Complutense de Madrid o el de Gianna Prodan, la poeta italiana, tan apasionada como siempre y de otros ilustres contertulios. Al final tomó la palabra el embajador de Nicaragua que felicitó al Centro Riojano y a Paz y Cooperación por organizar este interesante debate sobre la virtualidad de los derechos humanos.

Como fin de fiesta hubo un brindis por los derechos humanos, para lo que son necesario buena voluntad, proyectos y utopía.