La Academia de la Diplomacia es una institución que se ha ganado un gran prestigio al aglutinar a la flor y nata de la diplomacia española e internacional.

Su órgano de expresión es la Revista “Diplomacia Siglo XXI”, la primera publicación en su género, que no está escrita por periodistas siempre hambrientos de noticias, ni por sesudos analistas que redactan perfectos y aburridos informes, sino por profesionales de la diplomacia que incorporan su sabiduría, conocimiento de la materia y enriquecen y hacen amenos sus escritos con sabrosas anécdotas.

“Diplomacia” está producida y dirigida por un personaje muy conocido de la alta sociedad madrileña y que tiene un nombre que ya de por sí le compromete a ser brillante se trata de Santiago Velo de Antelo, hijo de un fallecido gran diplomático que, entre otros cargos, fue Director de la Escuela Diplomática. Tiene aire de refinado aristócrata inglés que como la Pimpinela Escarlata se esfuerza en salvar a los aristócratas franceses de la cuchilla de la guillotina.

Como contramaestre cuenta con el embajador Arturo Pérez Martínez un caballero que sobresale por sus buenas maneras, su elegancia y su cortesía. Arturo hubiera sido un fantástico canciller de la Reina Isabel II y lo veo respetuosamente despachando con la soberana con uniforme de gala, un perfecto isabelino.

Comprenderéis, mis queridos y a abnegados lectores, que con tales mimbres se pudo celebrar un gran acto en el marco del III Foro de Naciones Unidas, presidido por un sobrio, esta vez muy contenido, Presidente del Centro Riojano y moderado por vuestro intrépido cronista a la ocasión también abrumado por esta estupenda Academia de la Diplomacia, por su himno wagneriano, su letra verdiana y su gran respeto y fidelidad a la Monarquía. Acumulación de notables embajadores, ministros de Asuntos Exteriores, ilustres embajadores extranjeros

Estaban presentes los embajadores de Bielorrusia, República Checa, la gentil embajadora de Serbia, de Palestina y Ucrania, así como diplomáticos de Azerbaiyán, Bélgica y Rusia. Al embajador de Palestina Musa Amer Odeh le entregaron Arturo y Santiago un Diploma Honorífico de la Academia por su gran labor de diez años en Madrid, que le convierte por antigüedad en el número dos de los embajadores acreditados en Madrid. Un gran activista de la causa Palestina.

A los lectores interesados por la Academia les remito a su página web http://www.academiadeladiplomacia.es/ y a Google, donde podrán informarse sobre su organización y consultar su Revista. Vale la pena.

Permitidme una última consideración sobre los diplomáticos, en los que hay que distinguir el aspecto personal del que tenga el gobierno al que sirven lealmente. Se puede mantener una relación amistosa independientemente del cariz político de la Administración de la que dependan. La forma conforma. Representan a sus países, nos ilustran sobre ellos, ponen al día a sus gobiernos sobre los entresijos de la política en este caso española, los más brillantes y arriesgados hacen proyecciones de futuro.

En la época digital de Internet ya no son los mensajeros a veces rehenes de sus malas nuevas, ahora son notarios de la actualidad y grandes conserjes con librea de ese Hotel Mundial que son las Naciones Unidas y pavos reales que, al desplegar su cola, nos hacen entrever la pluralidad y la variedad del mundo.